CENTRO DE RECURSOS
 PARTICIPACIÓN INFANTIL Y JUVENIL: NO TODO VALE
 

Variación de la actividad "Los corrillos" que pretende un posicionamiento y un intercambio de pareceres entre los jóvenes sobre una serie de mitos en torno a la participación infantil y juvenil.

Objetivos

  • Reflexionar sobre la participación infantil y juvenil.
  • Desmontar determinados mitos en torno a la participación infantil y juvenil.
  • Desarrollar la disposición a oír las ideas de los demás, contrastarlas con la propias y aceptarlas o rechazarlas reflexivamente: educación para el conflicto.

Materiales
Tarjetas de cartulina o papel.

Desarrollo

  1. Tras la lectura del artículo "Participación Infantil y Juvenil: No todo vale", o previamente a su lectura si se desea no condicionar a los jóvenes, se leen en voz alta las siguientes afirmaciones (recomendamos elegir las más adecuadas según el criterio del educador o educadora limitándose a 4 o 5 afirmaciones para poder desarrollar la actividad durante el tiempo de una sola clase):
    • La participación infantil significa que hay que escoger a un niño o niña para que represente las perspectivas y opiniones de los niños en una reunión de personas adultas.
    • La participación infantil implica que las personas adultas deben ceder todas sus potestades a los niños y las niñas, que no están preparados para hacerse cargo de ellas.
    • Los niños deben ser niños, y no se les debe obligar a hacerse cargo de responsabilidades que les corresponden a las personas adultas.
    • La participación de los niños es una farsa. Se suele elegir a unos pocos niños y niñas, por lo general pertenecientes a una elite, para que hablen ante adultos poderosos, que de inmediato ignoran lo que han dicho los niños mientras se arrogan el mérito de haberlos "escuchado".
    • En realidad, la participación de los niños y niñas involucra sólo a los adolescentes, a quienes de cualquier manera les falta poco tiempo para convertirse en adultos.
    • Ningún país del mundo consulta a los niños acerca de todas las cuestiones que les afectan, y no existen posibilidades de que ningún país lo haga en el futuro cercano.
    • Aunque se consulte a los niños y niñas por una cuestión de formalidad, nunca se tienen en cuenta sus opiniones para efectuar cambios.
    • La negativa de los niños y niñas a participar los priva de sus derechos.
    Una vez elegidas las afirmaciones, recomendamos no posicionarse con respecto a ellas ni influir sobre las opiniones de los jóvenes durante el período de posicionamiento e intercambio de opiniones.

  2. Los jóvenes reflexionarán durante un minuto sobre la afirmación. Después se ponen en pie y escriben en una tarjeta una de las 5 posiciones siguientes:
    • Completamente de acuerdo.
    • De acuerdo.
    • No estoy seguro/a.
    • En desacuerdo.
    • Completamente en desacuerdo.
    Las 5 posiciones posibles deberían escribirse en la pizarra para que todos puedan verlas.

  3. Cada joven busca a otro compañero o compañera que haya escogido la misma posición y la discuten durante 2 ó 3 minutos.
    Cuando la educadora o el educador da la señal, cada joven busca a otro que haya escrito una tarjeta con una posición distinta pero cercana. De nuevo discuten sus posiciones durante dos o tres minutos.
    Luego buscan a alguien con una tarjeta con una postura alejada de la suya y de nuevo discuten la afirmación.
    Los jóvenes están autorizados a borrar de su tarjeta su postura y cambiarla por otra en cualquier momento de la actividad si modifican su punto de vista.

  4. Finalmente se procede a un pequeño debate o coloquio con todo el grupo en el que pueden formar grupos los jóvenes que mantienen la misma postura. En este debate se intentarán obtener algunas conclusiones en común, aunque sea simplemente constatar las coincidencias y expresar los puntos de confrontación o, por ejemplo, si puede ser necesaria más información sobre este tema.

    Se sigue el mismo proceso para cada una de las afirmaciones elegidas.
    Respecto a las afirmaciones planteadas, el educador o educadora puede consultar el anexo o la ficha del participante (ver al final de la actividad) para facilitar el debate.


Evaluación
Se puede valorar:

  • El comportamiento de los jóvenes, la participación activa, la consideración de las ideas de los demás, las discusiones fuera de tono, etc.
  • El número de jóvenes que han cambiado de posición. El cambio de postura, tras el diálogo y la reflexión, tiene un alto valor educativo.
  • Durante el debate, el rechazo de conductas dominadoras, la participación y respeto a los turnos de palabra, la organización interna de cada grupo, etc.


ANEXO

  1. Mito: La participación de los niños significa que hay que escoger a un niño o niña para que represente las perspectivas y opiniones de los niños en una reunión de personas adultas.
    Realidad: Los niños no son un grupo homogéneo y no es posible esperar que un niño o niña represente los intereses de otros niños de edades, razas, origen étnico y géneros diferentes. Los niños tienen que participar en sus propias reuniones donde pueden mejorar sus aptitudes, definir las prioridades, comunicarse a su manera y aprender de los otros niños. De esta manera, los niños y niñas están mejor capacitados para tomar sus propias decisiones sobre quién debe representar sus intereses y de qué manera les gustaría que se presentaran sus puntos de vista.
  2. Mito: La participación infantil implica que las personas adultas deben ceder todas sus potestades a los niños y las niñas, que no están preparados para hacerse cargo de ellas.
    Realidad: La participación infantil no consiste en que los adultos simplemente cedan todo el poder de decisión a los niños. La Convención sobre los Derechos del Niño establece con claridad que a los niños se les debe otorgar más responsabilidad, pero "en consonancia con la evolución de sus facultades", a medida que los niños se desarrollan. En muchos casos, los adultos continúan tomando las decisiones finales, manteniendo como objetivo "el interés superior" de los niños y niñas. Pero, según la Convención, esas decisiones deben tener en cuenta las opiniones de los niños afectados. A medida que los niños crecen, los padres deben cederles más responsabilidades en la toma de decisiones que les afecten, inclusive aquellas que puedan ser controvertidas, como las cuestiones relacionadas con la custodia de los hijos tras un divorcio.
  3. Mito: Los niños deben ser niños, y no se les debe obligar a hacerse cargo de responsabilidades que les corresponden a las personas adultas.
    Realidad: Sin duda, se debe permitir que los niños sean niños, y que reciban la protección necesaria para garantizar su desarrollo saludable. Y no se debería obligar a ningún niño o niña a asumir responsabilidades para las cuales no esté preparado. Pero el desarrollo saludable de los niños depende también de que se les permita relacionarse con el mundo, tomar decisiones de manera independiente y hacerse cargo de más y mayores responsabilidades a medida que sean más capaces de hacerlo. Cuando los niños y niñas tropiezan con barreras que obstaculizan su participación pueden sentirse frustrados o caer en la apatía. Por ejemplo, un joven o una joven de 18 años que carece de la experiencia de la participación no estará adecuadamente preparado para asumir las responsabilidades propias de los ciudadanos en una sociedad democrática.
  4. Mito: La participación de los niños es una farsa. Se suele elegir a unos pocos niños y niñas, por lo general pertenecientes a una elite, para que hablen ante adultos poderosos, que de inmediato ignoran lo que han dicho los niños mientras se arrogan el mérito de haberlos "escuchado".
    Realidad: La participación de los niños y niñas ha demostrado ser muy eficaz en muchos casos. En lugar de establecer un sistema de participación ineficaz, nos compete a todos diseñar formas significativas en las que los niños puedan participar en beneficio propio y de la sociedad en general.
  5. Mito: En realidad, la participación de los niños y niñas involucra sólo a los adolescentes, a quienes de cualquier manera les falta poco tiempo para convertirse en adultos.
    Realidad: Aunque el rostro público y político de la participación de los niños tiende más a ser el de un adolescente que el de un niño o niña de 6 años, resulta fundamental que se consulte a los niños y las niñas de todas las edades sobre las cuestiones que les afecten. Esto entraña la participación de los niños en el quehacer escolar y familiar cuando se traten temas que se relacionen con ellos. Los niños, cualquiera sea su edad, tienen más capacidades que las que generalmente se les reconocen; y si cuentan con el respaldo de los adultos, por lo general estarán a la altura de las circunstancias.
  6. Mito: Ningún país del mundo consulta a los niños acerca de todas las cuestiones que les afectan, y no existen posibilidades de que ningún país lo haga en el futuro cercano.
    Realidad: Eso es en parte cierto. Sin embargo, todos los países que ratificaron la Convención sobre los Derechos del Niño se han comprometido a garantizar los derechos de la niñez a la participación. Por ejemplo, el derecho a manifestar libremente sus opiniones acerca de cuestiones que les afecten, y la libertad de pensamiento, conciencia, religión y asociación, y de realizar reuniones pacíficas. Y casi todos los países ya han obtenido avances significativos en lo que concierne a la implantación de sistemas y políticas que posibiliten el ejercicio de esos derechos por parte de los niños.
  7. Mito: Aunque se consulte a los niños y niñas por una cuestión de formalidad, nunca se tienen en cuenta sus opiniones para efectuar cambios.
    Realidad: En los casos en que se solicitan las opiniones de los niños con sensibilidad, y se las comprende auténticamente, esos puntos de vista suelen determinar muchos cambios. Por ejemplo, pueden revelar aspectos que los adultos no habrían sido capaces de descubrir por su cuenta. O pueden modificar profundamente determinados programas o políticas; o, en ciertos casos, proteger a los niños de perjuicios futuros. Hasta las consultas a niños de muy corta edad pueden arrojar resultados notables. El problema consiste en que no son frecuentes los casos en que se consulta a los niños en forma tan rigurosa.
  8. Mito: La negativa de los niños y niñas a participar los priva de sus derechos.
    Realidad: En realidad, esa resistencia puede constituir un componente importante de la participación. Ya se trate del tira y afloja en el hogar, de la negativa a aceptar el castigo en la escuela, o de la actitud de cada uno con respecto a la participación cívica en su comunidad, la resistencia puede reflejar las opiniones de los niños o los adolescentes sobre determinada cuestión, o sus sentimientos con respecto a las condiciones de su participación. Los adultos comprenden que la resistencia es una forma de comunicación, y responden ante la misma con comprensión, diálogo y capacidad para resolver las diferencias de opinión, en vez de tratar de impedirla mediante el empleo de la fuerza o la persuasión. Bajo ninguna circunstancia se debería obligar a los niños a participar.

Fuente: Estado Mundial de la Infancia 2003