| ¿Qué aprendemos de nuestro
entorno?
El escenario familiar, la escuela, nuestro grupo de amigos y amigas,
al igual que los medios de comunicación y la sociedad en general;
todos contribuyen positiva o negativamente a construir nuestra personalidad.
Los comportamientos violentos no nacen con nosotros sino que se aprenden
a lo largo de la infancia y la adolescencia, son el producto de la imitación
de aquello que vemos u oímos a nuestro alrededor:
La televisión, Internet y algunos videojuegos se transforman de
esta manera en un riesgo ya que muchas veces nos enseñan actitudes
violentas o agresivas que llegamos a aceptar como normales debido a su
permanente repetición.
Si se crece en un ambiente de malos tratos físicos o verbales,
habrá una tendencia a imitar ese tipo de comportamientos y reacciones,
mientras que un entorno protector generará seguridad y actitudes
positivas en los niños y las niñas, adolescentes y jóvenes.
A su vez, si no gozamos de un buen estado de salud, si nos falta alimentación
o vestimenta, si carecemos de los servicios básicos, de un entorno
protector que refuerce la confianza en uno mismo, esto puede determinar
ciertas conductas agresivas.
Entonces… ¿Qué pasa en los países en desarrollo
donde carecen de la mayoría de estos aspectos?
Hay que distinguir. Esto no significa que aquellos que no pueden gozar
plenamente de sus derechos, por ejemplo en los países pobres, tengan
necesariamente que ser más violentos.
No debemos identificar la violencia con una realidad de pobreza extrema,
aunque sí vemos que hay vinculaciones. Éste es sólo
un factor más que puede producirla, pero hay otros factores que
también existen en los países ricos… y por eso la
violencia ocurre en cualquier parte del mundo.
La resolución de los conflictos
Como veníamos diciendo, conflicto no es lo mismo que violencia.
Un conflicto aparece cuando tenemos posiciones diferentes, puntos de vista
opuestos, o por una confrontación de intereses.
Hay que tener una mentalidad abierta para saber afrontar los conflictos,
darse cuenta de todas las posibilidades de resolución existentes
y ser creativos para inventar soluciones nuevas.
Es un reto para todos los jóvenes y adolescentes conocer y detectar
el gran abanico de posibilidades de respuesta y asumir que la violencia
no es necesariamente el resultado de un conflicto. ¿Por qué
agredir cuando podemos dialogar y llegar a un acuerdo que beneficie a
todas las partes?
Las personas por naturaleza no somos violentas, no nacemos así,
es una respuesta que aprendemos de nuestro alrededor. De la misma manera,
también podemos aprender otras, pacíficas y amigables.
La violencia, por el contrario, es sólo una de las maneras que
tenemos de responder o reaccionar ante el conflicto… ¡Y la
menos indicada!
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