| Los derechos y las obligaciones entre
“iguales”
Cuando formamos un grupo con nuestros compañeros y compañeras
somos un grupo de “iguales” y adquirimos entidad como tal.
Cómo ya hemos señalado antes, las personas por el sólo
hecho de serlo gozamos de ciertos derechos, que para los menores contempla
la Convención sobre los Derechos del Niño. Nuestros grupos
de “iguales” también tienen los mismos derechos.
Mientras somos niños y niñas tenemos derecho a una educación
de calidad, a gozar de buena salud, a una vivienda digna, a un entorno
protector, a no sufrir abusos y explotación, etc. Estamos protegidos
frente a quien atente contra nuestra dignidad, fama y honor. Eso nos pertenece
y tenemos derecho a exigirlo de nuestro entorno.
Pero de igual forma tenemos obligaciones. Ser ciudadanos y ciudadanas
no sólo consiste en disfrutar de nuestros derechos. También
nos impone la obligación de asumir tareas y cumplir normas para
que la sociedad pueda funcionar correctamente.
Estamos invitados a participar de este proceso que es como un “ping-pong”
de derechos y obligaciones.
Una manera de hacerlo activamente es no aceptando conductas violentas,
sacándolas a la luz cuando las observamos o tenemos conocimiento
de ello, reivindicando
la armonía que debe reinar a nuestro alrededor y buscando alternativas
pacíficas para resolver
nuestros conflictos.
La presión del grupo
Muchas veces entendemos cuáles son los comportamientos que la
sociedad espera de nosotros; pero puede ocurrir en algún caso que
dentro del grupo se establezcan reglas y nos dejemos llevar por ellas
para poder continuar dentro del grupo, aún cuando nos lleve a hacer
cosas que sabemos que no deberíamos hacer.
Esto es la presión de grupo. ¿Has pensado en actitudes que
individualmente no hubieras tenido pero estando todos juntos en grupo
se hacen más fáciles? Por ejemplo burlarnos o “pasar”
de alguien, ser prepotentes, mostrar dominio o poder frente a otro, causar
daños o agredirle, etc.
Participar en un grupo es muy positivo y recomendable, pero ello no debe
significar la pérdida de nuestra identidad personal, debemos distinguir
lo que está bien y lo que está mal, aún cuando tengamos
el apoyo de nuestros amigos.
A todos nos gusta tener amigos y amigas, y nos importa caer bien a los
demás para que deseen entablar buenas relaciones con nosotros.
En definitiva, nos interesa ser aceptados por el grupo con el que compartimos
la mayor parte del día.
También vemos en la escuela que cuando un compañero o compañera
no se “adapta” a la forma de ver las cosas del resto se queda
solo o sola, le aislamos.
Por eso, muchas veces seguimos la corriente al grupo y hacemos cosas
con las que no estamos realmente de acuerdo para que no nos ocurra lo
mismo.
En estos casos debemos recordar que la primera ley entre los “iguales”
es la reciprocidad, que se parece mucho a un espejo: “si yo soy
amable contigo, tu serás amable conmigo”; “si yo no
atiendo tus peticiones, tu no responderás a las mías”.
Si siempre pensamos de esta forma, no haremos a nuestros compañeros
y compañeras aquello que no queremos que nos hagan a nosotros;
y mejor aún, nos comportaremos con ellos o con ellas de la misma
manera que deseamos que ellos se comporten con nosotros.
Cuando el “espejo” se rompe
Nuestra autoestima se ve dañada cuando ese “espejo”
deja de funcionar. Los maltratos, el desprecio, las agresiones, la exclusión,
estas actitudes rompen el espejo y provocan una sensación de vacío
que afecta a nuestra identidad personal.
Esto de la autoestima es un concepto importante ya que se refiere a la
percepción que tenemos de nosotros mismos, a nuestra valoración
personal, nuestra imagen. ¿Cómo creemos que
nos ven los demás? ¿Qué piensan de nosotros?
Aquellos que ejercen la violencia no han superado el reto de saber resolver
sus conflictos de la mejor forma posible: “la no violenta”.
Sabemos que ejercer la violencia sólo genera más violencia
y por lo tanto mayores conflictos sin resolver. Luego, estos problemas
que vamos acumulando pueden dificultar que tengamos una percepción
positiva de nosotros mismos.
La violencia es evitable. Los conflictos pueden solucionarse por vías
pacíficas. Debemos aportar alternativas, nuevas soluciones, aprovechar
nuestra creatividad, dialogar, negociar y así llegar a un acuerdo
que nos permita convivir.
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¿Qué podrías hacer si esto ocurre en tu
escuela? |
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- Convencer a quien lo está sufriendo
para que hable con un adulto: padre/madre o profesor.
- Animarle a que cuente lo que le está sucediendo.
- Plantear la situación a las autoridades en el ámbito
del colegio.
- Hablar con la mayor cantidad de gente posible para que se conozca
la situación.
- No responder a los agresores utilizando la violencia. |
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