Autor:
UNICEF
DÍAS DE OBLIGADO CONSUMO
El comercio y los medios de
comunicación lanzan sobre
todos nosotros y nosotras
incesantes ofensivas
incitándonos al consumo. Los
días de la Madre, del Padre,
de los enamorados... son una
excusa ideal para obligarnos
a consumir. No caigamos en la
trampa, hagamos frente al
consumismo.
Los "días de obligado consumo" (Día de la Madre, Día del Padre, de los Enamorados, de la Secretaria -en otros países-, Halloween -recientemente importado de Estados Unidos,...), son un invento de las empresas comerciales y los publicistas para conseguir beneficios económicos importantes. Bajo la apariencia de demostrar a los seres queridos nuestro afecto mediante un obsequio, se esconden intereses puramente comerciales. Son fechas diseñadas para consumir.
Estas festividades no coinciden en las fechas en todos los países, ya que, en cada lugar, las han adecuado a épocas en las que el consumo es más bajo, y, por tanto, hay que reactivarlo.
El consumo no da la felicidad
No es necesario gastar mucho dinero para manifestar el cariño a los seres queridos. El cariño no se demuestra sólo con las cosas materiales. Un pequeño detalle, una flor, un dibujo, demostrarán igualmente a los que queremos y lo importantes que son para nosotros y nosotras.
Pero estamos instalados en una sociedad con un modelo de consumo desaforado, cínico, individualista, que contribuye al mantenimiento de una situación social y ambiental poco o nada sostenible, en donde emergen con mayor crudeza las desigualdades sociales.
Esta sociedad del consumo ha desplazado otras aspiraciones de la persona más importantes, más nobles (el afán de saber, el desarrollo de actitudes solidarias...), sustituyéndolas por otras más inmediatas, concretas y superficiales. Parece que el hecho de consumir resolviera los problemas, las carencias, las frustraciones, siendo la solución inmediata, milagrosa, de cualquier necesidad. Y, además, parece acercarnos a mundos soñados que se pueden comprar con una tarjeta de crédito.
¿Es realmente útil y necesario lo que compramos?
Muchas veces adquirimos una mercancía que se anuncia por haberla visto en medios de comunicación, sin analizar su utilidad real, objetiva, una utilidad que justifique su adquisición.
También debemos considerar la necesidad del objeto de nuestra compra y otras de sus características. ¿Es posible repararlo, reutilizarlo o reciclarlo? ¿Ocasiona daños al medio ambiente? ¿Por qué, con frecuencia, las promesas de la publicidad no se cumplen? Y es que, a veces, no es el producto en sí lo que se ofrece, sino la felicidad que proporciona el mero hecho de adquirirlo. Pero el deseo de consumir es un pozo sin fondo: siempre se quiere más. Y el marketing nos hace creer que comprar ciertos productos nos garantiza la distinción, el poder, el reconocimiento de las demás personas. Unos "jeans" de moda, un teléfono móvil de buena marca -nos dirá el eslogan-, te van a garantizar el éxito social, la libertad. Pero, ¿somos realmente libres cuando consumimos?
El poder de la publicidad
La publicidad nos insta, nos dirige, nos induce a consumir, desarrollando en nosotros y nosotras conductas compulsivas, que hacen difícil que controlemos nuestro comportamiento, sobre todo en lugares que pueden resultar estimulantes, como los grandes almacenes o los supermercados.
Somos, pues, manipulados: la publicidad nos impone hábitos, modas, modifica las conductas, multiplica el número de nuestras necesidades. Eso lo saben demasiado bien los publicistas, cuyas técnicas y estrategias están estudiadas al milímetro por profesionales de la psicología, sociología, antropología, para suscitar en nosotros el deseo de poseer el objeto anunciado. Y los medios de comunicación de masas actúan como cajas de resonancia de la publicidad.
A veces compramos cosas (ropa, objetos...) por pura imitación, cosas que después utilizamos muy poco. No debemos olvidar que el acumular no hace más felices a las personas. Pero, como el ocio también está impregnado de los patrones dominantes en nuestra sociedad, cada vez nos resulta más difícil divertirnos o pasar nuestro tiempo sin consumir, sin gastar dinero.
Propuestas para el cambio
· Cambiemos nuestros hábitos. Digamos NO al consumo indiscriminado y alienante. · Resistamos a las presiones de la publicidad. · Desarrollemos alternativas saludables de ocio y tiempo libre (contacto con la naturaleza, deportes, lectura, relación con personas de nuestra edad...) · Hagamos algo parecido a "un día de huelga de los consumidores y consumidoras ", una operación de boicot contra la sociedad consumista que las empresas y la publicidad nos imponen.