Actualidad
 
18 de Marzo de 2003
Autor: UNICEF
EL IMPACTO ECOLÓGICO DE LAS ESTACIONES DE ESQUÍ

Cada nueva temporada de esquí es una buena noticia para los miles de aficionados y aficionadas a este deporte, pero una mala noticia para los espacios naturales en los que se ubican las estaciones de esquí. En los últimos años el impacto ecológico de este deporte sobre las montañas ha aumentado peligrosamente.

 

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La instalación de cañones de nieve artificial, la ampliación de las estaciones, la urbanización de parajes naturales y la contaminación son algunas de las acciones que degradan la calidad del entorno natural en el que se practican el esquí y otros deportes de nieve. Deportes que, curiosamente, sus promotores venden como "verdes" y "respetuosos con el medio".

Islas ecológicas

Las altas montañas han sido históricamente refugio de la naturaleza virgen. Amparadas por lo duro del clima y las dificultades de acceso se mantenían casi desiertas e inexploradas: auténticas "islas ecológicas" rodeadas de paisajes más intervenidos por el ser humano. Su equilibrio ecológico es frágil precisamente por lo extremo de sus condiciones meteorológicas y sus escarpadas pendientes, en las que la vida prospera venciendo muchas dificultades.

Si a eso añadimos su alto valor científico y estético, es lógico que en muchos casos las montañas estén consideradas espacios naturales protegidos; de hecho gran parte de los Parques Nacionales españoles preservan áreas de montaña. Sin embargo, un desarrollo mal entendido y el turismo de masas están haciendo mella en estos paisajes. Y una de las huellas más visibles es la de las estaciones de esquí que, en busca de una nieve cada vez más escasa, se ubican en las zonas más altas y, por lo tanto, más frágiles. El esquí alpino es un deporte de gran impacto ambiental.

Las montañas en obras

Numerosos son los impactos de las instalaciones para la práctica de los deportes de invierno, un informe de Ecologistas en Acción destaca, entre otras:

  • La erosión del suelo y la vegetación. Lo más habitual es que se talen árboles y arbustos para instalar los remontes y los telesillas y para despejar las pistas de esquí, para lo cual se recurre a maquinaria pesada y movimientos de tierra. Estas cicatrices no se ven durante la corta temporada de nieve pero quedan visibles el resto del año, cuando no las ven los esquiadores.
  • La urbanización de la montaña y las carreteras. Para atraer a la clientela, los promotores y dueños de las pistas de esquí intentan acercar todo lo posible los servicios, los alojamientos y los lugares de aparcamiento a la zona de esquí, cometiendo auténticas aberraciones urbanísticas. Llevando la ciudad, con su contaminación, sus atascos y su ruido, al corazón mismo de la montaña.
En verano permanecen las huellas de las instalaciones de esquí./ Estación de Formigal.
  • La nieve artificial. Uno de los impactos más graves de los últimos tiempos es la instalación en la mayoría de las estaciones de cañones de nieve artificial. La escasez de nieve en los años 90 animó a los empresarios y empresarias a invertir mucho dinero en estos aparatos, grandes consumidores de energía y de agua (precisamente donde nacen los ríos). Estos mecanismos contaminan, son ruidosos y exigen complicadas instalaciones y obras. Lo más triste es que han resultado muy poco eficaces: una desastrosa inversión y un problema más para la montaña.
  • Daños en los espacios naturales. Muchas estaciones de deportes de invierno están localizadas en espacios naturales protegidos o muy próximas, con el consecuente impacto sobre ellos. Pero lo más grave son los nuevos proyectos, especialmente en el Pirineo aragonés y catalán (que están literalmente en obras). Algunas administraciones autonómicas han llegado a desproteger espacios naturales con la intención de construir o ampliar estaciones de esquí.

Una de las conclusiones de este informe es que es innecesaria la construcción de nuevas estaciones de esquí y la ampliación de las existentes, entre otras cosas porque muchas de ellas ni siquiera serán rentables debido a que cada vez nieva menos.

Milagro en Madrid

Mientras políticos, políticas y empresarios de muchas autonomías españolas como Aragón, Cataluña, Navarra, Castilla y León o Andalucía insisten en promocionar el esquí creando nuevas estaciones o ampliando las existentes, con poco o ningún criterio ambiental, en la Comunidad de Madrid (después de años de parecidos desatinos) ocurrió hace unos años un hecho insólito: el desmontaje de la estación de Valcotos para recuperar el espacio natural de Peñalara.

Cumbre de Peñalara desde el Pico de los Claveles.

Las presiones de grupos ecologistas, científicos y amantes de la montaña, que provocaron un encendido debate en esta región, consiguieron que las autoridades decidiesen en 1999 cerrar y desmontar la estación de esquí que estaba dentro del Parque Natural de la Cumbre y las Lagunas de Peñalara (la cumbre más alta de la región).

Una de las personas que participaron activamente en esta campaña, el profesor Eduardo Martínez de Pisón reclamaba, y reclama, un mayor respeto a la montaña y a sus valores estéticos, científicos, ecológicos y pedagógicos frente al uso mercantil y el turismo de masas. El mismo respeto que tenemos con otros elementos de nuestro patrimonio histórico es el que se merece nuestro patrimonio natural. ¿O es que a alguien en su sano juicio se le ocurriría montar un tiovivo en la catedral de Burgos o un parque temático en la Alhambra de Granada?