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18 de Febrero de 2005
Autor: unicef
¿Qué es el saneamiento?



 

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© UNICEF

Inodoro, letrina, retrete, excusado, incluso “váter”: todos son saneamientos. “Saneamiento”, es una palabra que se refiere a todos estos elementos, ya sean como letrinas provisionales en campamentos de desplazados o en los sofisticados cuartos de baño con sauna y jacuzzi que es posible disfrutar en algunos lugares. El saneamiento es el conjunto de técnicas y elementos destinados a fomentar las condiciones higiénicas en un edificio, de una comunidad o de una localidad.

Aunque podría considerarse un asunto privado, en realidad no lo es, ya que depende de los “sistemas de saneamiento” de la localidad. De nada sirve que una casa tenga cuarto de baño si el vecindario o la ciudad no está dotada de sistemas de alcantarillado, de pozos negros o de depuradoras. Además es necesario que exista un organismo competente que se encargue de regular los residuos, como ocurre con el abastecimiento de agua.

Agua y saneamiento

El suministro de agua y el saneamiento están muy relacionados. Pero, al hablar de saneamiento, no nos referimos a la canalización de agua potable para el aseo y el consumo.

Es muy difícil que existan sistemas de saneamiento adecuados en lugares donde no hay suministro de agua corriente, y es difícil mantener la potabilidad de las aguas en lugares donde no existe un sistema de eliminación de residuos. Sin embargo, la falta de agua potable y la precariedad del saneamiento son dos problemas diferentes que, tanto unidos como por separado, frenan las posibilidades de desarrollo de millones de personas.

© UNICEF/HQ 98-0928 /Giacomo Pirozzi

Esta mujer, que vive cerca de Lusaka, la capital de Zambia, alisa cemento con una llana en la letrina que está construyendo. En muchos países sólo hay instalaciones de saneamiento en las ciudades grandes, así que, en las pueblos, las comunidades se organizan para construirlos.

¿Saneamiento = sanidad?

Tampoco hay que confundir “saneamiento” con “sanidad”, ya que son términos completamente distintos.

El saneamiento y la higiene son elementos esenciales para favorecer la curación de muchos problemas de salud e incluso para para evitar ciertas enfermedades, como la hepatitis A o el cólera. Pero cuando un informe habla de la "importancia del saneamiento", no se refiere a la "importancia de la sanidad". En ocasiones se confunden ambas palabras, llegando a producirse muchos malentendidos al interpretar los textos sobre el agua y el saneamiento.

 

 

¿Tan importante es el saneamiento?

Uno de los grandes avances que se han producido en las sociedades desarrolladas es la existencia de sistemas de alcantarillado locales, gestionados por un organismo público. Ciudades como Nueva York, París o Tokio serían impensables si no existiera el agua corriente y las alcantarillas. Aunque un “váter” parece algo trivial y en ocasiones es motivo de chiste, es un elemento de una serie de infraestructuras esenciales para lograr el desarrollo.

 

© UNICEF/HQ 04-0114 /Christine Nesbitt
Jabi Johnson, de 11 años, permanece a la puerta de una letrina en el campamento para desplazados internos de Jah Tondo, cerca de Monrovia, la capital de Liberia. En los campamentos de refugiados el saneamiento es un problema importante, porque suelen acoger a más personas de las que pueden y porque aunque son instalaciones provisionales, a menudo sus habitantes se quedan allí por mucho tiempo.

¿Dónde no hay sistemas de saneamiento?

La falta de saneamiento afecta principalmente a los países en vías de desarrollo. Casi la midad de las personas que viven en estos países carecen de servicios de saneamiento adecuado.

En las áreas rurales y en los barrios pobres este problema es más grave. La dificultad de acceso y la escasez económica condenan a millones de personas a vivir en condiciones antihigiénicas, con grave riesgo para su salud y para sus posibilidades de desarrollo.

Incluso en países que están progresando en materia de agua y saneamiento, existen muchas diferencias entre unas localidades y otras, e incluso dentro de la misma población. Muchas ciudades están rodeadas de barrios de infraviviendas en los que no existe posibilidad de acceso al saneamiento.

También existen dificultades para los miles de refugiados y desplazados que hay en el mundo. Se ven obligados a vivir en campamentos lejos de sus hogares, donde no existían sistemas de saneamiento antes de su llegada y los que se van habilitando son provisionales. Desgraciadamente, permanecen en estos campamentos durante mucho tiempo, de manera que tienen que vivir en condiciones "provisionales" durante meses, e incluso años.

Consecuencias de la falta de saneamiento

Aunque el saneamiento por sí mismo no garantiza el desarrollo, no puede existir desarrollo sin él.

La falta de saneamiento unida a la falta de agua potable, entre otras cosas:

© UNICEF/HQ 99-0135 /Giacomo Pirozzi
Estas dos niñas entran en las letrinas que se han construido en su escuela, en Mpigi, cerca de Kampala, la capital de Uganda. El que las escuelas tengan condiciones higiénicas adecuadas es a menudo determinante para que las niñas puedan ir a la escuela en muchos lugares del mundo.

- Favorece la transmisión de enfermedades. En poblaciones sin sistemas de saneamiento, los detritos no pueden ser canalizados a lugares donde no contaminen. Esto hace que en ocasiones se mezclen con el agua para el consumo o para el riego, contaminando los alimentos. Además, llevan consigo la proliferación de moscas, ratas y otros animales que pueden propagar enfermedades. Se calcula que 4.000 niños y niñas mueren cada día por las malas condiciones del agua y de los sistemas de saneamiento.

- Frena los avances en salud. La falta de saneamiento no sólo genera enfermedades, sino que empeora los problemas de salud ocurridos por otras causas. Por ejemplo: es recomendable lavarse una herida, pero si se hace con agua contaminada puede producirse una infección. En muchos lugares el no disponer de agua limpia para beber, para asearse o para higienizar el material clínico, hace que muchas personas convalecientes mueran por complicaciones en su enfermedad.

- Bloquea avances sociales. En las poblaciones donde no hay fuentes de agua potable cercana, la población tiene que desplazarse varios kilómetros cada día en busca de agua. Este trabajo suele recaer sobre las mujeres y las niñas, que pierden muchas horas de trabajo útil, estudio o descanso en esta tarea, lo que fomenta la desigualdad social y de género.

- Impide a las niñas ir a la escuela. ¿Irías a una escuela sin baños?. Aunque parezca increible, la falta de baños en las escuelas hace que muchos niños y niñas no vayan a la escuela, principalmente las niñas.

- Supone un obstáculo para muchas mujeres. La intimidad es fundamental, y donde no hay baños, no existe. Esto hace que muchas mujeres en el mundo tengan serios problemas urinarios y gastrointestinales, porque suelen aguantar todo el día la necesidad de ir al baño para poder hacerlo por la noche, cuando no pueden ser vistas. En ocasiones intentan evitar comer y beber durante el día para lograrlo. Además, tienen que ir al campo, lejos de la seguridad de sus comunidades, donde corren el peligro de ser asaltadas y agredidas. La situación se complica para las mujeres embarazadas y que acaban de dar a luz, ya que muchas mueren tras el parto o pierden a sus bebés a causa de las malas condiciones higiénicas.

- Impide el crecimiento económico. Cada año se pierden millones de horas de trabajo a causa de la falta de sistemas de agua y saneamiento. Horas que se pierden recogiendo agua, buscando un lugar escondido, llevando detritos lejos de las casas o por culpa de enfermedades. Sólo en África se pierden más de 40.000 millones de horas de trabajo por la necesidad de buscar agua.

Todos estos problemas, que se llevan consigo la salud, el bienestar e incluso la vida de miles de personas cada día, se solucionarían con algo tan sencillo como una letrina. Librarse de ellos sería tan simple como tirar de la cadena.