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| LA INFANCIA AFECTADA POR EL VIH/SIDA |
| La pandemia del SIDA no sólo perjudica a las personas infectadas por el VIH. En realidad, los afectados por el SIDA son millones en todo el mundo, países enteros y la humanidad en su conjunto. Muchos de los niños y niñas afectados por el SIDA nunca tendrán el VIH: no hace falta que un niño tenga el VIH para que sufra los terribles efectos de la extensión de la pandemia. |
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El miendo al SIDA |
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© UNICEF/HQ06-1380/Giacomo Pirozzi |
SUDÁFRICA: Un grupo de jóvenes, algunos con VIH, se preparan para una clase de educación sobre el SIDA para adolescentes. |
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En muchos lugares se desconoce qué es exactamente el SIDA y el miedo a contraerlo lo convierte en tabú. Esto quiere decir que la gente no quiere saber nada de la enfermedad, como si el simple nombre fuera infeccioso.
El miedo lleva a mucha gente a actuar “como si el SIDA no existiera”: ignoran a los enfermos, se apartan de las familias de la gente que ha muerto por el SIDA y los discriminan. Además, mucha gente no se hace análisis para saber si tiene el VIH, por miedo a la enfermedad o al rechazo. Esto es peligroso para su salud y para la de sus familias. La consecuencia es que el miedo al SIDA se convierte en uno de sus mejores aliados.
Frente al SIDA es necesario educar y concienciar a todos de la necesidad de ser muy precavido. Pero ser precavido no significa tener miedo, y mucho menos de la gente que es víctima de la enfermedad. |
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Vivan las abuelas |
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© UNICEF/HQ96-1377/Giacomo Pirozzi |
TANZANIA: John, de 9 años, vive con su abuela Alina, de 64, tras la muerte de su padre a causa del SIDA. |
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Una de las mejores cosas que tienen las sociedades Africanas son sus familias, que son muy grandes y permanecen unidas ante las dificultades. Y una de las mejores cosas que tienen las familias africanas son sus abuelas. ¿Sabías que el 90% de los huérfanos de África están siendo cuidados por sus abuelas?
Estas mujeres están consiguiendo tapar el hueco que deja el SIDA en sus familias. Algunas de ellas se tienen que hacer cargo de casi todos sus nietos (pueden ser más de veinte), cuando los padres de los niños enferman o mueren. Aunque no siempre pueden atender a todas las necesidades de sus nietos (a menudo son muy pobres), se aseguran de protegerles y mantener la familia unida.
Entonces, ¿está todo solucionado? No, el esfuerzo de estos abuelos y abuelas, que se sobreponen a la muerte de sus propios hijos y protegen a sus nietos debe ser un ejemplo, y no una excusa para que los gobiernos y las instituciones se desentiendan de apoyar a quienes sufren por la pandemia del SIDA. |
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